Hoy en día es muy común ver este tipo de productos en los recreos de los centros educativos. Cuando buscamos en un snack saludable, rápido y fácil de transportar, es normal que nos venga este producto a la mente y recurramos a ellos. Pero, ¿Realmente ayuda a nuestras defensas y es tan nutritivo como pensamos?
Los expertos en nutrición recomiendan la ingesta de lácteos diaria, ya que contienen proteínas de alto valor biológico, muy útiles para el aparato digestivo, son una fuente de vitaminas B y A y una excelente fuente de minerales como el calcio, fósforo, magnesio y zinc. Desde un punto de vista normativo, el yogur es un producto lácteo que se obtiene de la fermentación de microorganismos específicos de la leche. El yogur líquido se ajusta a esta definición y cumple los requisitos exigidos, pero es cierto que existen notables diferencias entre este producto y los yogures cuajados. La primera, y más evidente, es la textura, lo que se debe a su proceso de elaboración, donde se agita con suavidad durante unos minutos, a 20ºC, para que el coágulo se rompa y quede líquido, con textura bebible, antes de ser envasado.
La segunda diferencia está en su composición. Para ello deberemos irnos a revisar el etiquetado nutricional, las etiquetas. A excepción de aquellos en los que se remarca de forma explícita la ausencia de azúcares añadidos, la mayoría contienen una cantidad excesiva de azúcares añadidos ( entre 9 y 12 gramos/100gr) , muy superior a los 5 gramos por cada porción de 100 gramos que recomienda la OMS.
De hecho, en nuestro país, estos yogures bebibles han sido incluidos en el Plan de colaboración para la mejora de la composición de los alimentos y bebidas y otras medidas 2020 de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, (AECOSAN), con el objetivo de reducir en un 10 % la cantidad de azúcar en su composición.
El exceso de azúcares añadidos en nuestra alimentación está relacionado con numerosas enfermedades y riesgos para nuestra salud por lo que es conveniente no excederse y buscar otras alternativas más saludables para nuestro día a día.
Y ¿Realmente ayudan al sistema inmunitario? Para poder hacer una afirmación así en esloganes publicitarios, es necesario que el producto contenga al menos un 15% de la cantidad dairia recomendada de ese nutriente al que atribuimos ese efecto. En este caso se trata de la Vitamina D y la Vitamina B6, que han demostrado ayudar a fortalecer nuestras defensas. Por ello, muchos de estos productos llevan añadido en su composición estas dos vitaminas en cantidades pequeñas para poder atribuirle dichas propiedades. Pero la realidad, es que la cantidad es muy pequeña y con una dieta equilibrada y variada podemos llegar a ingerir esas cantidades diarias recomendadas sin necesidad de comprar estos productos.
Os dejamos algunas recomendaciones y sugerencias:
1. Opta por un yogur natural sin azúcares añadidos, debería llevar sólo estos ingredientes en su composición:
- Leche fresca pasteurizada
- Nata
- Leche desnatada en polvo
- Proteínas de la leche
- Fermentos lácticos
2. Si queremos obtener un buen aporte de Vitamina B6, podemos ingerir alimentos ricos en este nutriente como las nueces, legumbres, el salmón o plátanos entre otros.
3. Los huevos, el atún o la radiación solar, nos ayudan a cubrir las recomendaciones de Vitamina D.
4. Una alternativa es el kefir, una bebida láctea muy parecida al yogur, pero con un sabor agrio, ácido y ligero. Es una buena fuente de proteínas, calcio y probióticos.
5. También podemos prepararnos nosotros nuestro propio batido de yogur, con un yogur natural, añadiendo la fruta que más nos guste o cualquier otro complemento y simplemente lo pasamos por la batidora. Fácil, sabroso y saludable.